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Economía
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Más demagogia con los impuestos / Attac Madrid |
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Attac Madrid
En estos días se ha vuelto a suscitar la cuestión de la subida de impuestos: A las declaraciones del ministro de Fomento, comentando la posibilidad de imponer esta medida le han seguido inmediatamente las palabras de Elena Salgado afirmando lo contrario, y las manifestaciones del PP, que ha anunciado que incluirá en su programa electoral una reducción de los impuestos. El debate, por tanto, se ha vuelto a plantear, no falto, como siempre, de manipulaciones y demagogia. Uno de los mayores avances sociales de la historia se produjo tras la revolución francesa cuando en la Declaración General de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 se estableció la obligación de todos los ciudadanos de contribuir a los gastos comunes. Esta contribución se basaba en tres principios: 2. El principio en el que se sustenta es el de la soberanía popular (los ciudadanos eligen a sus representantes y éstos deben dar cuenta de su gestión). 3. El dinero recaudado tiene que servir para satisfacer los gastos y necesidades comunes. Parece un precepto justo, con el que todo el mundo debería estar de acuerdo: los impuestos deben servir para garantizar el derecho a la educación, la salud, viviendas sociales, para promover la economía y crear riqueza, favoreciendo a las empresas con la concesión de créditos, para impulsar proyectos económicos que fomenten el empleo, etc. |
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Alternativa a la crisis / Jose L. Centella |
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Público
Las medidas que está desarrollando el Gobierno del PSOE para afrontar la crisis no solamente son antisociales y contrarias al interés general, sino que están llamadas al fracaso, ya que, en lugar de poner en valor la lucha contra el fraude fiscal –cumpliendo los anuncios de eliminar los paraísos fiscales, recortar los grandes salarios y controlar los grandes beneficios de la banca como medidas para superar el déficit–, opta por otras medidas dirigidas a que los mas débiles paguen el déficit y sufran una salida de la crisis. Algo que va a generar más desempleo al reducir el consumo y crear más incertidumbre social. El Ejecutivo no plantea ninguna medida que pueda recaer sobre los verdaderos causantes de la crisis, que, como todo el mundo sabe, son la banca y las grandes empresas constructoras que han propiciado un urbanismo especulativo que el propio Zapatero señalaba como causante de la crisis. Como tampoco plantea actuaciones tendentes a la creación de empleo. El Gobierno de Zapatero propone medidas dirigidas exclusivamente a que seamos las trabajadoras y los trabajadores quienes paguemos la crisis, primero con la reforma laboral y ahora con una pretendida subida de impuestos. Estamos ante un Gobierno que ha pasado de no saber qué hacer, a uno que asume las tesis del capitalismo más salvaje y saca del cajón las viejas recetas fracasadas del Fondo Monetario Internacional, que han sido las verdaderas causantes de la terrible crisis del capitalismo que estamos sufriendo. Hace tan sólo un año y medio el Ejecutivo acudió con más de 80.000 millones de euros en ayuda de la banca y ahora asistimos a la paradoja de que los rescatadores, los gobernantes, son rehenes de los rescatados cuando ingentes cantidades de euros y dólares han ido en su ayuda a cambio de nada. A pesar de las declaraciones del Gobierno sobre el cambio de modelo e incluso de salida social a la crisis, la realidad es que hoy en España no se ha dado ni un solo paso efectivo en ese sentido. Los datos indican que la productividad en España es superior a la danesa e italiana, y similar a la alemana, y en todo caso es la que mas ha subido en los países de la UE. Además, tiene un tercio del salario ligado a complementos de productividad, pero se sigue utilizando la necesidad de desregular el mercado laboral como principal receta.
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Impuestos, deuda pública y Estado del bienestar / Vincenç Navarro |
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El Plural
Uno de los dogmas que se reproducen en la doctrina neoliberal (basada en la fe en los mercados) es creer que subir los impuestos no es bueno para la economía, y todavía menos en momentos de recesión, es decir, en momentos de descenso de la actividad económica. Puesto que en una recesión hay un déficit de la demanda, se asume que la subida de impuestos reduciría todavía más tal demanda, pues la gente tendría menos dinero para consumir. Pero tal creencia ignora varios hechos. Uno es que el aumento de los impuestos no tiene porque reducir la demanda. Que los reduzca o no depende del tipo de impuestos. El impuesto del IVA (que se basa en el consumo), por ejemplo, puede reducir la demanda, aunque, incluso ahí tal reducción, depende del tipo de IVA y sobre que productos se aplique tal aumento. Pero, hay otros impuestos, como el impuesto sobre las rentas altas, que tienen un impacto menor en la reducción de la demanda, dado que la gente rica ya consume mucho y cuando recibe dinero extra, lo invierte más que no lo consume, pues su nivel de consumo ya es muy elevado. De ahí que se sabe en la literatura económica que las bajadas de impuestos a los ricos tienen más impacto en estimular el ahorro que el consumo, al revés de lo que ocurre cuando se bajan los impuestos de las rentas medias y bajas. Las personas de bajos ingresos consumen todo el dinero extra que reciben, pues siempre andan cortos de dinero. De ahí que si se quiere aumentar la demanda es mejor reducir los impuestos de las personas y familias de rentas medias y bajas que de las personas de rentas altas. En realidad, subir el impuesto de los ricos y de las rentas del capital puede aumentar la demanda si el estado –con los fondos recibidos como consecuencia del aumento de los impuestos- invierte en servicios e infraestructuras que creen empleo. Esta creación de empleo tiene un impacto muy importante e inmediato sobre el incremento de la demanda. Y los datos así lo prueban. Los países que tienen una carga fiscal elevada y progresiva, tienen un mayor porcentaje de población adulta trabajando y ello como resultado de un mayor protagonismo del estado (sea central, autonómico o local) creando y expandiendo empleo sobre todo en los servicios públicos. No es por casualidad que sean también estos países los que tengan un estado del bienestar más extenso y de mayor calidad. Y los datos hablan por si mismos. Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia tienen una carga fiscal equivalente al 47%, 48%, 42% y 42% del PIB respectivamente. Y tienen el mayor porcentaje de población trabajando (la tasa de ocupación de Suecia es del 72,2% en 2008, la de Finlandia de 68,7%, la de Noruega el 76,8% y la de Dinamarca de 75,7%), incluyendo también tasas elevadas de empleo en su estado del bienestar (en Suecia la población empleada en el estado del bienestar era el 24,8% en 2007, en Finlandia era el 19,8% y en Dinamarca el 24,5%). |
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El PCE considera un sarcasmo que el PSOE plantee subir los impuestos mientras baja los salarios |
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Secretaría de Comunicación del PCE / 16 ago 10
Para Centella el camino que propone el Ministro Blanco es una trampa y que antes de el nivel impositivo de España con la UE se tendría que empezar por equiparar el nivel salarial. Madrid, 16 agosto. El Secretario General del PCE, José L. Centella considera que las declaraciones del Ministro José Blanco demandando una subida de impuestos amparándose en una supuesta equiparación con el nivel impositivo de otros países de la Unión Europea son un verdadero sarcasmo que ofende a quienes están soportando directamente las peores consecuencias de la crisis, con niveles escandalosos de paro, perdida de derechos sociales y laborales, para que ahora se les anuncie que tendrán que pagar mas impuestos. Para Centella, el camino que propone el Ministro Blanco tiene, para empezar, una trampa, ya que antes de hablar de equiparar el nivel impositivo de España con la Unión Europea se tendría que empezar por equiparar el nivel salarial de nuestros país que en algunos casos es un 30% inferior, es indignante que se nos anuncien impuestos europeos, precios europeos y se mantengan los salarios de siempre. Con estas declaraciones cada vez es más evidente que el Gobierno esta decidido a tomar el camino fácil y hacer que la crisis la paguen los débiles, a los que fácilmente se le puede sacar el dinero. Por otra parte, esta salida de tono del ministro parece estar destinada a provocar debates que luego otros miembros del gobierno se encargaran de “rebajar” pero que harán olvidar la necesidad de cambiar de política económica y fiscal del Gobierno, para cumplir el compromiso de Zapatero de que la crisis la pagarían los que la han provocado, es decir los responsables de un modelo de crecimiento basado en la especulación urbanística y el pelotazo financiero.
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Una lógica sin oponente / Julio Anguita |
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En la década de los noventa y en plena fabulación europeísta, economistas españoles instalados en el status explicaban sin equívocos que el Tratado de Mäastricht con sus límites al déficit, era una auténtica reforma constitucional por la vía de los hechos y al margen del Parlamento. Es más, se llegó a decir que el sistema de Seguridad Social “no debía ser demasiado generoso… Otra cosa es lo que diga la Constitución (que, en todo caso, no es un modelo de racionalidad económica)”.
Quince años después Sarkozy pretende una reforma que incorpore a su constitución la obligatoriedad de impedir el déficit; Obama ha declarado algo parecido; Rajoy lo ha planteado sin ambages y el Gobierno español se aplica a ello con diligencia dejando a la Constitución de 1978 hecha unos zorros en materia de Derechos Fundamentales. Desde los cuatro puntos cardinales en que se han constituido el FMI, la OCDE, la UE y el BCE se insta a profundas y urgentes reformas laborales. Los gobernantes declaran ante sus pueblos que se debe ganar la confianza de los mercados (vocablo esotérico con la que se encubren, difuminan y se agazapan entidades tan concretas como bancos, financieros, inversores, agiotistas y gobiernos que los acogen en su seno). Los poderes públicos hacen bueno aquella expresión de Tietmeyer cuando fue presidente del Bundesbank: “los políticos deben acatar las decisiones de los mercados”. ¿Dónde está la Democracia? Estos gurús saben perfectamente que los recortes en salarios, pensiones, inversiones y gasto público, añadidos a la facilidad y baratura del despido y a la precariedad subsiguiente, no crean empleo ni tampoco relanzan la economía; es más, lo reconocen paladinamente. Utilizan la coartada de la racionalidad económica como el velo ideológico que encubre -so capa de cientifismo- sus intereses de clase dominante. Son conscientes de que no pueden dejar ni un resquicio libre por el que los dominados -si se organizan- puedan obligarles a rendir y pagar las cuentas de los robos, manipulaciones, errores, trampas y demás delitos que han conducido a esta situación de crisis. Quieren dejar claro que no hay alternativa a su poder, a sus intereses, a sus métodos y a sus montajes ideológicos. Conocen mejor que nadie que no hay nada más político que la Economía. Se trata de de que los otros no caigan en la cuenta. Reconocen de facto que existe la lucha de clases y se aplican a ganarla en todo momento. |
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Notas para un análisis marxista de la crisis griega / Rolando Astarita |
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Actualmente las explicaciones más comunes de la crisis griega son de dos tipos. Por un lado, la que sostiene que la crisis se debió al mal manejo y el despilfarro del gobierno griego. Por otra parte, la que echa la culpa de la crisis a los especuladores y/o los bancos. La primera es defendida principalmente por los sectores más afines a la ortodoxia neoclásica. La segunda, más extendida, la plantean los gobiernos europeos (y de otros países, como Argentina); la Comisión Europea de Finanzas y otros organismos; y buena parte del progresismo y la izquierda (*).
Parece haber bastantes evidencias de que las malas políticas del gobierno griego, como la acción de los bancos y los especuladores han tenido su debida influencia en la crisis griega. Por ejemplo, siendo Grecia uno de los países más pobres de Europa, es el que más invierte, en relación a su PNB, en gastos militares, que son completamente improductivos (1). Sin embargo, con todo lo importante que puedan ser estos factores, pensamos que la crisis griega obedece a causas más profundas. En primer lugar, porque está relacionada con la crisis mundial de acumulación capitalista. Y en segundo término, con la forma en que el capitalismo griego se ha insertado en la economía mundial –en particular a partir de la adopción del euro–, y su posición competitiva con respecto a otros capitales. El endeudamiento estatal, la caída de los precios de los activos financieros y la especulación, se explican a partir de contradicciones “estructurales”. Nuestra idea de partida es que en el mercado mundial siempre se están comparando productividades relativas, tiempos de trabajo y grados de explotación del trabajo. Los capitales entablan luchas competitivas en las cuales sobreviven los más fuertes, esto es, los que desarrollan tecnologías y métodos de producción más avanzados, y/o los que tienen éxito en aumentar la explotación de la clase trabajadora, por sobre sus competidores. Es en este sentido que los tipos de cambio –que conectan los espacios de valor entre sí, y con el mercado mundial– juegan un rol imposible de exagerar. Como hemos planteado en otros trabajos, con la teoría del valor de Marx se puede explicar fácilmente por qué los países en que predominan capitales con baja productividad relativa, tienen una tendencia a establecer tipos de cambio real altos (o sea, moneda depreciada en términos reales). Es la forma de compensar, por lo menos parcialmente, la desventaja tecnológica. Desventaja tecnológica significa que los tiempos de trabajo no alcanzan el tiempo de trabajo promedio que impera en la producción de determinada mercancía. Pero esta compensación opera a través de salarios deprimidos en términos de la moneda internacional y al costo de encarecer la importación de tecnología y equipos. |
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