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Contra la diversidad / Walter Benn Michaels |
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Ciertamente, la importancia de la raza y del sexo en la actual campaña presidencial estadounidense ha sido consecuencia de la prominencia del racismo y del sexismo, es decir, de la discriminación, en la sociedad norteamericana; un hecho que fue destacado en artículos posteriores a las primarias como el que publicó The New York Times: «La discriminación por la edad se une a las de raza y sexo»1. Sin duda, es difícil ver la discriminación por la edad como un equivalente exacto de las otras dos; después de todo, una parte del problema del racismo y del sexismo es que supuestamente perpetúan falsos estereotipos, mientras que, como alguien que acaba de llegar a los sesenta, puedo atestiguar que un cierto número de los estereotipos que constituyen la discriminación por la edad son ciertos. Pero la falta de verosimilitud de la idea de que el problema principal de hacerse viejo sea la discriminación por tus achaques, en vez de los propios achaques, sugiere la fuerza de la discriminación como baremo de la injusticia en Estados Unidos y, por ello, cómo su superación ocupa un lugar central en nuestro modelo de justicia.
Desde ese punto de vista, la contienda entre Obama y Clinton fue un triunfo, mostrando, como lo hizo, tanto los grandes pasos que se han dado hacia el objetivo de vencer el racismo y el sexismo, como el largo camino que queda para alcanzar ese objetivo. En otras palabras, hizo posible concebir a Estados Unidos como una sociedad orientada en la dirección correcta pero con un largo camino por recorrer. El atractivo de esta visión no sólo para los estadounidenses, sino para todo el mundo, es evidente. Pero el problema es que es una visión falsa. Ciertamente, Estados Unidos es en la actualidad una sociedad menos discriminatoria de lo que era antes del movimiento por los derechos civiles y del despegue del feminismo, pero no es una sociedad más justa, abierta e igualitaria. Por el contrario, es más injusta, menos abierta y mucho más desigual |
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En el presente libro, Slavoj Žižek nos invita a pensar en Lenin como afirmación pura de la política en un mundo cada vez más reificado por las relaciones de producción capitalistas y más convencido de que el capitalismo es el horizonte último de la socialidad humana. En su opinión, los simulacros culturales de la sociedad del espectáculo han inoculado en los movimientos de protesta una peligrosa ambigüedad a la hora de pensar los procesos políticos constituyentes, jugando hábilmente con la perennidad de las actuales formas de democracia parlamentaria y de los modelos vigentes de legitimación del Estado constitucional. Tal ambigüedad puede ser desplazada, a su juicio, mediante la recuperación inédita de la tensión creativa de la acción y el pensamiento de Lenin, ya que la imaginación de una nueva política constituye la condición sine qua non de una acción que sea radicalmente transformadora. Slavoj Žižek reivindica a Lenin para pensar nuevas formas de política que permitan concebir un orden global más justo, democrático e igualitario, y eludir así los tristes presagios que el poder nos quiere imponer en el fascinante nuevo desierto de lo real. Repetir Lenin es la versión en español de Repeating Lenin, publicado originalmente como prólogo y epilogo de la antología de textos de Lenin Revolution at the Gates, publicado por la editorial verso en el año 2002. La traducción al español es de Marta Malo de Molina Bodelón y de Raúl Sánchez Cedillo. |
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Tratado de la servidumblre liberal |
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 El Tratado de la servidumbre liberal se presenta como un trabajo de análisis sobre la sumisión, que arranca de la reflexión que el ilustrado La Boétie hizo en su Tratado de la servidumbre voluntaria. Tanto Žižek, en el prólogo que ha hecho para este libro, como Nicole Dubois y Robert-Vincent Joule, que presentan la obra de Beauvois y la sitúan en su contexto histórico, científico y social, lo consideran un trabajo imprescindible para conocer la realidad de nuestro tiempo. Con esta obra, ya todo un clásico de la psicología social y la psicología política, Jean-Léon Beauvois analiza qué se esconde tras la noción de libertad tan manida en nuestras sociedades. En principio, esa libertad se ha convertido en el argumento por excelencia a la hora de justificar una sociedad en la que los pobres y los «excluidos» mueren literalmente a las puertas de nuestras casas. Pero, ¿alguien ha analizado de veras qué se esconde tras esa idea? ¿Somos realmente libres a la hora de forjar nuestras actitudes, de emprender una acción, de justifi car nuestro comportamiento? Y ante una situación de sumisión más o menos explícita y tan corriente como una «sugerencia» de nuestros superiores, ese teórico marco de libertad, ¿tiene alguna infl uencia en los procesos psicológicos que se abren tras la acción? Jean-Léon Beauvois va a estudiarlo empleando las técnicas de la psicología social experimental. Sus conclusiones, de una contundencia impresionante, destruyen nociones tan fundamentales como la interioridad de una opinión, la causalidad de un acto o las mismísimas concepciones de individuo y libertad en nuestras democracias liberales... |
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La explotación de los trabajadores sigue siendo, hoy como ayer, la esencia misma del modo de producción capitalista. Sin embargo, la invasiva ideología neoliberal ha conseguido que ya no se hable de explotación en los países con un contexto social más avanzado, como si no existiera la realidad de la explotación en los países del capitalismo desarrollado. Se habla,sí, de la explotación de los niños en Asia, que realizan jornadas agotadoras con sueldos dehambre. Pero en nuestro contexto, como no aparece en la TV, se diría que la explotación no existe. De hecho, como demuestra este libro, sucede todo lo contrario: mientras más desarrollada está la productividad del trabajo colectivo de una sociedad, mayor grado de explotaciónexperimentan sus trabajadores. Porque la explotación tiene que ver con la evolución del salario relativo (la participación de los asalariados en la renta nacional) y no con el salario real. Y, además, porque si es verdad que los salarios reales tienden a crecer a largo plazo, ni lo hacen siempre ni hay seguridad de que lo vayan a hacer siempre. Diego Guerrero es profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Entre sus últimos libros destacan Competitividad, teoría y política (1995); Historia del pensamiento económico heterodoxo (1997) y como editor o coordinador La nueva Economía Política de la globalización (con Joaquín Arriola, 2000); Macroeconomía y crisis mundial (2000); y Manual de Economía Política (2002). |
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