Entrevista con Willy Meyer, responsable de Política Internacional de IU y eurodiputado del grupo GUE/NGL, en el marco de las jornadas organizadas por IU y el PCE en defensa de los derechos del pueblo saharaui en Granada los días 25 y 26 de Febrero.
La muerte de Orlando Zapara en un hospital cubano, tras 82 días de huelga de hambre, está provocando un debate que trata de centrar el punto de mira sobre la situación de los Derechos Humanos exclusivamente en Cuba, con el único objetivo de debilitar la solidaridad que hacia la revolución cubana existe en todo el mundo.
Ante esto no podemos acomplejarnos ni tampoco descalificar a quienes de buena fe entran en la dinámica de ver la paja en la realidad cubana, mientras se acostumbran a no ver la viga en otras realidades. En este sentido es necesario que se sepa que el propio Raúl Castro se ha ofrecido ante su parlamento para realizar un debate sobre Derechos Humanos en Cuba, siempre que se ampliae de igual forma a los EE.UU. y a otros países del llamado mundo desarrollado, ofrecimiento que por supuesto no ha recibido todavía respuesta.
Para empezar tenemos que resaltar que el preso Orlando Zapata hubiera podido estar desde hace meses fuera de la cárcel ya que el Gobierno cubano propuso el canje de los 26 presos tutelados por Amnistía Internacional, entre los que se encontraba Zapata, por los 5 cubanos encarcelados en los EE.UU. Es importante recordar que éstos fueron detenidos y condenados por luchar contra los grupos terroristas que operan contra Cuba desde los mismos EE.UU. Si se hubiese aceptado la propuesta cubana, si los EE.UU. hubiesen querido, en estos momentos no quedaría en la cárcel ni uno solo de los presos tutelados por AI.
Es hipócrita querer hablar exclusivamente sobre la situación de los presos en Cuba y olvidar, cuando no justificar, lo que sucede en las cárceles de los EE.UU., incluido el agujero negro jurídico de la cárcel de Guantánamo o lo que sucede en las cárceles que se están utilizando de forma clandestina en territorios ocupados como Afganistán o Irak, por no mentar la situación de los llamados pasillos de la muerte y la cruel estadística de condenados a muerte en EE.UU., en la que figuran de forma mayoritaria negro e hispanos.
Indicadores socieconómicos del mercado laboral. FIM.
La publicación de los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondientes al trimestre IV de 2009 permite dar una visión completa de la evolución de los indicadores básicos del mercado laboral a lo largo del hasta ahora peor año de la crisis, al menos así lo ha sido para los asalariados y otros trabajadores dependientes para lo cual se partirá de la estructura y planteamientos de los cuatro informes anteriores sobre mercado laboral (1), de los tres realizados por Javier Murillo sobre dinámicas y disparidades salariales (2) y los preparados por Javier Chamorro sobre conflictividad laboral (3).
Lo primero que destaca en la evolución de 2009 es que la situación de los trabajadores sigue degradándose, si bien a un ritmo bastante inferior al del batacazo del primer trimestre, pero sin cambios en la tendencia (ver Tablas I a III), la población activa (PA) ha disminuido en casi 100 mil personas, los ocupados en casi 1 millón, los asalariados en casi 750 mil, los empresarios más los autónomos en 320 mil y los parados han aumentado en prácticamente 1’3 millones. Aunque la degradación de las condiciones de vida y trabajo, en donde el paro, la caída en la economía sumergida y la exclusión son las figuras extremas, ha afectado sobre todo a los trabajadores precarios en el último semestre ha comenzado a dar de lleno a los asalariados con contratos indefinidos a través de la multiplicación de los EREs (4). De este modo, la disminución en casi 1’2 millones de asalariados con contrato temporal es debido a que son el grueso de los que han ido a incrementar el número de parados o bien han sido expulsados de la actividad; en ningún modo esta disminución ha supuesto una mejora en los afectados por la precariedad laboral, de hecho, uno de los indicadores utilizados, el de temporalidad más paro, el llamado “paro flexible”, señala un incremento de más de 100 mil personas.
Desde que la desregulación causo un colapso económico de ámbito mundial en septiembre del 2008 y todo el mundo se convirtió de nuevo al keynesianismo, no ha sido sencillo ser un seguidor fanático del economista Milton Friedman. Está tan ampliamente desprestigiada la marca de los fundamentalistas del libre mercado que sus seguidores han desarrollado una creciente desesperación por reclamar victorias ideológicas aunque sean nulamente convincentes.
Tenemos un ejemplo particularmente desagradable a mano. Sólo dos días después de que Chile fuera golpeado por un devastador terremoto, el columnista del Wall Street Journal Bret Stephens informaba a sus lectores de que “seguramente el espíritu...” de Milton Friedman” ... planeaba de manera protectora sobre Chile” porque,” gracias en gran parte a él, el país ha resistido una tragedia que en otro lugar habría sido un apocalipsis... No es por casualidad que los chilenos vivieran en casas de ladrillo –y los haitianos en casas de paja- cuando el lobo llegó y trató de derrumbarlas”.
Según Stephens, las radicales políticas de libre mercado prescritas al dictador Augusto Pinochet por Milton Friedman y sus tristemente célebres “Chicago Boys” son la razón de que Chile sea una próspera nación con “una de las más estrictas normativas de construcción del mundo.”
Hay un problema bastante grande con esta teoría. La normativa de construcción antiseísmos, redactada para resistir terremotos, se promulgó en 1972. Ese año es de un significado enorme porque fue un año antes de que Pinochet alcanzara el poder con un sangriento golpe apoyado por Estados Unidos. Esto significa que la persona que merece el elogio por la ley no es Friedman, o Pinochet, sino Salvador Allende, presidente socialista democráticamente elegido de Chile. (En verdad muchos chilenos merecen el elogio pues las leyes fueron la respuesta a una larga historia de terremotos, y la primera ley fue promulgada en 1930).
Parece significativo, por otra parte, que la ley se pusiera en marcha en mitad de un paralizante embargo económico (“haced gritar de dolor a la economía” famoso gruñido de Richard Nixon después de que Allende ganara las elecciones de 1970). La normativa se instauró al día después en los noventa, bastante después de que Pinochet y los Chicago Boys estuvieran, finalmente, fuera del poder y la democracia fuera restaurada. Una pequeña cuestión: como señala Paul Bruman, Friedman era ambivalente acerca de las normativas de construcción viéndolas como otro atentado contra la libertad capitalista.
Ya nos había avisado Marx de que alcanzar el progreso no iba a ser un proceso histórico lineal. En los últimos 30 años, a las violaciones tradicionales a los derechos de la mujer, basadas en una arraigada convicción en su inferioridad, se ha sumado el modo de hacer de una nueva Santa Alianza. Compuesta por la versión más agresiva del neoliberalismo y de los fundamentalismos reaccionarios, su asalto a las conquistas sociales a nivel mundial ha supuesto la pérdida de los derechos más básicos para millones de mujeres.
En su afán de minar las fronteras de la URSS, EEUU apoyó a la ultraderecha religiosa –desde Irán y Afganistán hasta Polonia– para poner fin a aquellos estados semi laicos. Estrategia que se llevó por delante la posición pública de la mujer, su acceso al empleo y a la educación, sus libertades sociales y personales.
La violación de los derechos humanos de la mitad de la humanidad nace precisamente ahí donde algunos ven victorias. Y las mujeres más afectadas por esta regresión han sido las que habitan en tierras musulmanas y las del bloque ex socialista.
Declarar a la mujer como “un ser medio humano” ha sido la seña de identidad de aquellos hombres que tomaron el poder en nombre de Dios, confundiendo el pasado con el presente. El nuevo totalitarismo ha permitido la adaptación de la vieja Inquisición (con tormentos públicos incluidos) sin que se remuevan las estructuras de su Historia. Han llegado a reglamentar hasta el color de los tejidos, legalizado la pedofilia al reducir la edad nupcial de niñas, santificado la violencia de género, apartado de la toma de decisiones por su divinizada inferioridad. Así fue posible la resurrección de la caza de brujas, esta vez de cientos de miles.
En el bloque ex socialista, cuyas mujeres gozaban de mayor igualdad que las occidentales, el ajuste estructural acabó con la “teoría socialista de la emancipación” y con la amplia red de apoyo estatal a las mujeres, restaurando en su lugar los antaño roles cavernícolas del hombre como proveedor de sustento y de la mujer dedicada al cuidado de la cría.
El Comité Local de Granada del Partido Comunista de Andalucía expresa su más rotundo rechazo al nuevo ataque del gobierno del PSOE a la clase trabajadora. Es totalmente inaceptable que sean de nuevo los trabajadores y trabajadoras, únicos creadores de riqueza posible, los que tengan que pagar los platos rotos de la última crisis provocada por el capital. Los grandes capitalistas y banqueros que se enriquecieron de forma obscena con la burbuja inmobiliaria que azotó ferozmente a este país, impidiendo el acceso de una gran parte de la población a una vivienda y que provocó un brutal endeudamiento de nuestras familias (90% del PIB en 2008 frente al 30% de 1995), han causado con la amable colaboración de los distintos gobiernos del Estado Español una debacle económica de la que los 4.326.500 trabajadores que se encuentran actualmente en el paro son el signo más visible.
El mismo gobierno que afirmó que bajar impuestos era de izquierdas, que eliminó el impuesto de patrimonio a las grandes fortunas de este país, que se jactó de haber bajado más que el Partido Popular el impuesto de sociedades, que regaló generosamente 14.000 millones de euros a la banca (el 14% del PIB español) sin exigirle ningún tipo de contrapartida y que ha decidido subir el IVA al 18%, decide ahora retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años y endurecer las condiciones para su percepción. Como es lógico, la patronal española y su presidente Gerardo Díaz Ferrán (que declaró que no se montaría en uno de sus aviones, es investigado por estafa y al que la policía tiene que escoltar para huir de sus antiguos trabajadores) han aplaudido alegremente la medida que les permitirá cargar sobre los hombros de los trabajadores los destrozos causados por el capital.
Los derechos de los trabajadores no cayeron del cielo como fruta madura. Fueron la consecuencia de duras luchas llevadas a cabo por varias generaciones de trabajadores y trabajadoras y fueron conquistados con mucho esfuerzo al gran capital. Cada paso atrás dado por el conjunto de la clase trabajadora es la antesala de nuevas derrotas. Desde 1980, los trabajadores asalariados han perdido el equivalente al 13% del PIB en la repartición de la riqueza. Mientras tanto, los beneficios embolsados por los empresarios han subido sin cesar a la vez que los sucesivos gobiernos del PP y del PSOE les reducían sus contribuciones fiscales. Es esta desigual distribución de la riqueza y la pobre remuneración de los trabajadores (el 60% de los asalariados son mileuristas) lo que verdaderamente pone en peligro el sistema público de pensiones, ya que son éstos los que con sus cotizaciones aseguran las pensiones de generaciones venideras.
Ante la avalancha mediática orquestada por la prensa burguesa para justificar la medida del gobierno de Jose Luis Rodriguez Zapatero de retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años, señalamos varios artículos críticos ya aparecidos en nuestra web: